El hombre, cuyo rostro tenía cubierto con sus manos rugosas paró de llorar por un momento, cogió aire de entre sus manos y rompió de nuevo a llorar. Ahora murmuraba algo entre sollozos; a mí me parecía bastante ridículo y me sentía avergonzada por él, mientras seguía yo en esa postura absurda, sentada en el agua. Miré a mi alrededor y vi las barcas faenando, pensé que si me movía, si me levantaba iba a provocar un maremoto, un tsunami o similar pero era harto incómodo estar sentada en el agua. Decidí hablarle al hombre desde mi incomodidad.
- Hola?
Paró de sollozar sin descubrirse el rostro, durante tres segundos no pasó nada, luego rompió a llorar de nuevo. Estaba a escasos metros de mí, seguro que me había oído o había oído algo.
- Hey!- ahora, además de dejar de llorar se quitó las manos de la cara.
- Eh!! Quién eres? Qué haces ahí metida, esta es mi playa! Sal de ahí ahora mismo!- No parecía lo que se dice triste, más bien muy enojado.
- Lo siento- me incorporé sin pensarlo y ya derecha me acordé de los pescadores y mi mirada inquieta se dirigió a ellos, ahí seguían, mi movimiento, que supuse similar a que emergiera el Everest de la bahía de La Parra, no provocó ningún desastre de ningún calibre, ni una pequeña ondulación.- No sé qué hago aquí…- titubeé- No sé cómo he llegado ni dónde estoy exactamente- miré atrás y pronto reconocí la bahía de Alejandría con cu enorme muro que casi unía los cabos.
- Pues estás en mi playa y lo que haces es estorbarme.- El hombre se puso en pie, ya no me parecía tan mayor a pesar de que se podía sembrar en los surcos de su piel. Tenía una mirada furiosa que me dedicaba plenamente y en su boca semiabierta podía verse un horizonte desdentado, él en su conjunto ofrecía una visión cómica, pensé que seguramente ni él lo sabía, llevaba una camiseta de manga corta con los colores del Real Madrid y una gorra del Barça.- Quién te crees que eres!!
- Bueno señor, tranquilícese. Ya le he dicho que no sé cómo he llegado hasta aquí, no estoy metida en su playa por gusto, de hecho estoy bastante incómoda.- Di unos pasos hacia la arena de la playa con intención de salir del agua pero él tipo gruñó y me hizo parar.
- No te acerques! Antes dime quién eres!- dijo en un chillido.
Suspiré.
- Me llamo Yvén, no sé qué hago aquí, ya se lo he dicho, yo estaba durmiendo tan plácidamente en una cama de un hotel y he aparecido aquí, y créame, despertar mojada de aguas ajenas es sumamente desagradable y encontrarse con un rostro hostil que no para de chillar y prejuzgarme es más desagradable si cabe.- Mi contestación sonó a enfado pero así me sentía, ni queriendo podría haber resultado más sincera, el tipo me miró arqueando una ceja, cuanto más visto lo tenía más indescifrable me parecía su edad, su rostro se me antojaba atemporal. - Y quién es usted?
Sacó pecho, el pobre resultaba graciosamente ridículo, calculé que le sacaba algunos centímetros.
- Soy Juan Pequeño Río Grande Sin Puente, Dios de Los Perdidos, Duque de Las Tierras Áridas y Guardia de Almas en Trayecto- dijo de una tirada con una voz grave.
Conseguí aguantarme la risa pero mis ojos delataron incredulidad y algo de mofa.
- Bueno…, ya veo y…, qué lugar es este. A mí me parece la bahía de Alejandría y…, por qué somos tan grandes?
Miró al cielo con alarde de falsa paciencia.
- Es que es la bahía de Alejandría, yo soy grande porque soy un Dios y tú eres grande porque eres un gran estorbo, imagino, y porque estás en mi territorio.- Pareció relajarse, se sentó de nuevo en el edificio que hacía las veces de taburete y de uno cercano tomó una taza de té. - He estado un tiempo fuera y el agua se ha ido evaporando, vine a rellenar la bahía, que aquí hay muchas cosas perdidas y hay que preservarlas.
- Ya veo.- En realidad no veía nada pero estaba en un mundo irreal, mi dimensión se había multiplicado incalculablemente y ya quedaban pocas cosas, después de todo, de las que asombrarme, al fin y al cabo soy semi bruja, semi Ladrona de Humo renegada, piloto de escoba voladora, tengo una amiga hada y me codeo con los eternos.- Bueno, y cómo hago para salir de aquí y volver a mi prestada cama?
- Qué sé yo!
- Bueno, eres el Dios de los Perdidos y yo estoy perdida.- Eso sí resultaba asombroso, mi espontaneidad.
Se puso a reír con ganas y en su júbilo también espontáneo casi derrama el té sobre las calles de la ciudad, ahora ya sé a qué se debe que llueva fango, no es fango ni tierra de África lo que llevan las gotas de lluvia, es té de algún Dios.
- Yo no soy tu Dios!- Entonces me vino a la mente Richard Jeremy que en una ocasión me dijo que pensara en el cuidadosamente, si lo hacía con ahínco le dolían los huesos… (un Dios tiene el tamaño de la fe que le procesan, por eso Richard es una tortuga, cuanta más fe mayor tamaño y mayor poder, cada vez que aumenta la fe o hay un creyente nuevo el Dios crece. Mi Dios no es muy grande, no lo es nada pero a veces me acuerdo largo rato de él y el tío da un estirón.).
- Es cierto, usted no es mi Dios pero podría echarme un cable ya que estoy en su “reino”.
Me miró de arriba a bajo con cierto aire de superioridad y su rostro pareció decidir que iba a hacerme un favor.
- Quién es tu Dios?
- No creo que le conozca…, es una tortuga, se llama Richard Jeremy.
- Ahh! Richard!! Le conozco, fue una joven promesa pero veo que se convirtió en un viejo fracasado…, hizo sus prácticas divinas bajo mi supervisión…, así que en algún momento tú has sido una perdida, ja ja!- Se llevó la mano al pecho mientras reía su tonto chiste.- Bien, voy a llamarlo y que venga a por ti.
Cogió un teléfono móvil del mismo edificio donde tenía el termo del té y llamó a Richard.
A cabo de unos diez minutos en los cuales Juan Pequeño Río Grande Sin Puente, Dios de Los Perdidos, Duque de Las Tierras Áridas y Guardia de Almas en Trayecto (al que, por cierto, y por fortuna, podían llamarlo por la abreviatura Jota) que su rebaño de creyentes eran personas perdidas, sin futuro o destino cierto, era, según él, un buen Dios porque siempre hacía lo posible por sus creyentes intentando encaminarlos o ayudándoles en su camino hacia el destino, porque uno acaba aceptando la realidad y asumiendo lo que es pero el fondo de uno siempre aflora por alguna parte, por muchos logros que tuviera en su haber, por muchos caminos que lograra trazar en la vida de sus fieles nunca iba a quedarse sin adeptos; pues después de todo eso, el tipo hablaba sin descanso para coger aire, cosa que sólo puede permitirse un Dios, claro, llegó Richard Jeremy nadando por el mar. Había crecido considerablemente, su caparazón llegaba a la altura de mis rodillas aunque no tomé el cambio muy enserio porque ni tenía cara de sufrimiento ni de alegría aunque sí de enfado.
- Jota- saludó- Niña- saludó.- Perdona si te molestó y gracias por llamar, vamos Yvén.- Sonaba de lo más seco, pensé que la reprimenda se la reservaba para el camino, a solas conmigo.
- Un placer conocerle Jota.- dije a modo de despido.
Empecé a andar dentro del agua dirección al mar abierto, Richard nadaba delante de mí. Cuando llegamos al muro paró y me miró.
- Podrías cogerme y llevarme encima.
- Esta vez no cabes en mi escote, Richard, por qué no me llevas tú sentada en el caparazón?
- Te crees que soy un caballo? Tú fe no merece tanto esfuerzo. Al menos levántame, no me apetece cruzar paredes. - Lo hice y cruzamos el muro y ya en el mar abierto me dijo.- Mete la cabeza en el agua. Y haz el favor de no ir por ahí incordiando a los Dioses.
Metí la cabeza en el agua y mi cuerpo siguió a su líder sumergiéndome en las profundidades, iba cayendo al fondo, miraba a la superficie y a mi alrededor y no veía a mi Dios, creí ahogarme cuando desperté en la cama de Linnus, mojada y salada.
Me gusta la forma en que distorsionas o dimensionas los personajes de este cuento, como si fuera un sueño. Por un momento, Jota me recuerda a alguien que se siente despechado por Yvén. El tamaño de los dioses, creciendo o menguando dependiendo del lado en el que Yvén baile. Al final, una Yvén desconcertada... etc. Lo bueno es que puede haber tantas lecturas como lectores, y eso es un don de la escritora.
ResponderEliminarUn abrazo, Ricardo. ;)
Te recuerda o te parece? Jota es una pequeña pieza dentro de una historia, un personaje que aparece y desaparece y hasta ahora no ha tenido un destino muy definido. Richard Jeremy, el Dios Tortuga, viene de lejos, casi tanto como Apolonia. A veces las lecturas se interpretan más de lo necesario y real. :)
ResponderEliminarEstoy de acuerdo... por fin te encuentro... Apolonia
ResponderEliminarSí, la riqueza está en la cantidad de interpretaciones, es cierto que, tal vez, debería leerse todo desde un principio... no me canso de leer...
FELICIDADES!
echaba de menos los "cuentos desde La Parra"
ResponderEliminarIré resucitándola..., gracias Maribel
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarQué bueno volver a sumergirme contigo en éstos océanos!!!
ResponderEliminarMuchacha prodígate un poco másss. Muacksss
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