lunes, 23 de marzo de 2009

La vida secreta de las palomas.

La señal que yo esperaba tardó cuarenta años en llegar, y una paloma no vive tanto; así que me pasé esas cuatro décadas cambiando de cuerpo volador a cuerpo volador, hasta que llegó mi hora de volver a ser humano, y volví en forma de anciana. Porque una no muere en el cuerpo de una paloma pero envejece igual y peor, porque no te das cuenta de cómo pasan los años.
Ya casi no recordaba el agradable calor que se siente al cambiar de forma, ni el cosquilleo de las plumas al desaparecer del cuello, ni las agujetas en los brazos que de repente no son alas.
La última vez que me convertí en paloma era para una misión que bien valía dejarse las plumas en ello. Tenía que llevarle un mensaje a una bella muchacha del pueblo; bella, inocente y encinta.
Los mensajes secretos de las palomas se dan de noche mientras el sujeto receptor duerme; sólo si sale del pico del ave y el humano duerme profundamente es capaz de percibir el mensaje. A veces es escaso e inútil porque el individuo tiende a confundirlo con los sueños y olvidarlo, o puede que en la lucidez del día una pequeña señal lo ponga en alerta para recordar algo. Suelen llamarlo premonición o presentimiento. Y estos mensajes secretos son la manera que tienen los sin nombre para jugarle malas pasadas al destino. Y yo soy una sin nombre. Octogenaria.
La muchacha receptora de esa misión recibió el mensaje y quiso el instinto maternal que no lo confundiera con nada, ni siquiera con paranoias de primeriza; así que al despertar huyó sin motivo aparente, poniéndose a salvo ella y a la criatura que llevaba en el vientre. Eran las ocho de la mañana de un lunes primaveral y yo llevaba ya seis horas esperando la señal. La que daba paso a mi metamorfosis.
En los cuarenta años que estuve esperando seguí entregando mensajes secretos, para ir matando el tiempo. También conté los días de la mano de los que se acercaban a la plaza de la iglesia todos los días a echarnos comida a mí y a mis congéneres bobos. Porque las palomas son animales bobos, doy fe, no porque lo parezcan. Lo son. No hablan, y pasarte cuarenta años con seres que no hablan es harto aburrido y tedioso. Por eso nunca sentí remordimientos al pasar de un cuerpo a otro. Salvo una vez, que dejé el cuerpo viejo maltrecho y una nena fue a dar con la cabeza sangrienta del pájaro. La pobre niña corrió espantada ensuciándose sus bonitos zapatos. Podría haber sido mi hija.
También me entretuve buscando la forma en que podía recibir la señal; en forma de rayo de luz a través de las hojas de los árboles, en forma de risa de niño, en el chirriar del tranvía al cruzar la plaza. Pero no fue nada de eso. Cualquier señal que pudiera parecer probable no lo era, ninguna daba la talla.
Y al final, cuarenta años después de aquel mensaje secreto vi la señal y fue maravilloso porque había soñado con ella. Vino cuando se hizo la luz y lo hizo en forma de sombra, de reflejo negro sobre los adoquines de la plaza. Era mi sombra, pero no tenía forma de paloma, mi sombra era una palmera, alta y majestuosa, de las que sobreviven a los siglos para contarnos la historia de primera mano.
Volé hasta la parte trasera de la iglesia, escondida tras unos salientes de piedra. Tuve cuarenta años de tiempo para buscar el lugar idóneo para el cambio. Allí, tumbada a la sombra y sin la compañía de mi reflejo pasé de paloma a mujer por última vez.
Me entristeció soberanamente verme anciana, no me parecía justo que después de mi buena labor no tuviera derecho a vivir la vida en el cuerpo de una mujer y me castigaran a vivirlo en el de un pájaro; así que me duró un cuarto de hora. Me apoderé del cuerpo de una linda jovencita, además encinta también.
Ahora ya no entrego mensajes, es complicada la metamorfosis cuando una no viaja sola y de momento mi misión es otra. Y mi vida, la de ahora, es la vida secreta de una paloma.

"A Rose y a su nieto Grégory."

1 comentario:

  1. Me encantó. No sabia que tuvieras un blog. Enhorabuena! A ver si hablamos con tiempo eh? un besote!
    Cris

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